‘GRACIAS, OSCAR’: MENOS MAL QUE WILDE ESTUVO RÁPIDO
Con ‘Gracias, Oscar’, Ramón Galí participó en el concurso
de microrrelatos ciencia-ficción del periódico El Mundo
en junio del año 2002.
Woody Allen en la nave nodriza
Einstein afirmó: -Todo es relativo incluso el tiempo-Pero Mozart no escuchaba, sólo tarareaba… Tagore aseveró:-Amadeus, no necesitamos música; la poesía es el eco de la melodía del universo en el corazón humano-Leonardo tomaba compulsivamente notas junto a maravillosos bocetos de los asistentes. La nave nodriza viró hacia el Planeta. Todo dispuesto para enviar a los alienígenas camuflados y entrenados para influir en su Historia Universal. ULTIMAS LANZADERAS: ESCRITORES. Márquez a Asimov:-¿pero no ibas hacia el futuro?-No, tengo que explicarles cómo será éste. Oye, ¿quién es el neurótico agarrado a la pierna de Rabindranath?-Es el modelo experimental dónde se hacen las mezclas, Woody.-No tendría que estar aquí. Me recordáis a dos tipos que conocí en Nueva York-dijo-Entonces Wilde, sonriendo, ordenó maliciosamente:-Atraviesa el umbral. Tú te vienes.
‘Lo siento, Hawking’, de Ramón Galí, fue el microrrelato ganador
del concurso de ciencia-ficción del periódico El Mundo
el 15 de junio del año 2002, bajo el seudónimo Telémaco Moon 2.
Los genios también se equivocan
EXTRACTOS DE LA ENCICLOPEDIA GALÁCTICA. AÑO 2109. VOLUMEN XXVII. PÁGINA 63218: …el mítico Stephen Hawking siempre sostuvo que jamás sería posible: los viajeros procedentes del futuro ya estarían allí.[...]pero el doctor Moon descubrió los axiomas matemáticos y físicos que permitían el Viaje Temporal. La conmoción mundial en Tierra y universal en Colonias de Luna, Marte, Ganímedes y Titán no tuvo precedentes. Se legisló al respecto rigurosamente para evitar paradojas que condujeran a que la civilización dejara de existir.[...]PRIMERA PRERROGATIVA: Jamás se modificará el pasado, sólo podrá observarse. Las primeras Sondas Observadoras eran rudimentarias y por problemas energéticos no podían permanecer en la invisibilidad todo el tiempo. Luego esto se solventó. La forma geométrica de los primeros prototipos tenía forma de disco o plato…
“Juan Carlos captura con el sonido los sentimientos y cualidades de otra dimensión, un lugar celestial para estar, para descansar. Es como si él estuviese ahí y su música la tomara de ahí mismo.Este lugar a menudo le resulta familiar a la gente cuando entra en él —un sitio en donde todos podemos haber estado, posiblemente el hogar del alma, la matriz de la existencia—. Allí descansamos, amamos, jugamos, somos.” Daniel B. Holeman, Pintor visionario | USA
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Asia. África. Asia en África y África en Asia. Oriente y occidente. Ecos tribales. Ritmos étnicos. Reminiscencias cinematográficas. Extraordinarias melodías al piano. Paz. Paz verde. Evolución. Movimiento. Libertad. Volar. Volar sobre un ave mitológica fabulosa a través de un cielo perfecto. Mundo primigenio, arcádico. Sobrevolar verde y agua. Sílabas de agua sobre piedra. Selva muy tupida. Un templo azteca conquistado por la hiedra, mordido por la desidia y el tiempo. Bajo el agua una joven desnuda de sobrenatural belleza.Alegría. Luz. Más luz. Luz que deslumbra. Fotones fabricados con notas musicales. Notas musicales fabricadas con fotones. Pentagramas sobre las constelaciones. Amaneceres galácticos. Amanecer de la humanidad entera. Soles, galaxias, nebulosas, quásares y materia estelar. Ángeles colosales que despliegan sus alas sobre el infinito. Gregoriano y cantos corales que te conectan con la divinidad. Un viaje transdimensional a millones de años-luz. Vuelta a la Tierra. Lágrimas de luz cuando los acordes de sus violines se desdoblan en un requiebro melódico que penetra directamente en el corazón.
Y no, no me he vuelto loco y olvidado la gramática básica, sujeto+verbo+predicado. Hablo de…
S E N S A C I O N E S.
“Mi música es como un cuadro que hay que ir pintándolo capa a capa y esto es casi hacer el trabajo de todos los músicos de una orquesta. Si me salieran manos como a un pulpo o como en las imágenes de Shiva…”
Juan Carlos García, Compositor, escritor y metafísico | ESPAÑA
La música empieza donde acaba el lenguaje, es lo que permite comunicarse con el más allá, es la melodía del universo en el corazón de los hombres. Hoffmann, Schumann, Tagore intentaron capturar ese inasible concepto con estas bellas palabras y así hacerlo prisionero en las reducidas mazmorras del lenguaje. Misión imposible, claro.
Incluso los que lo vieron llegar de lejos, es muy probable que tampoco tengan escapatoria: aunque corran todo será inútil. Antes que puedan avisar a las autoridades les habrá atrapado tan sólo con las primeras notas de cualquiera de sus melodías, como las víctimas de El Perfume perfecto de Jean-Baptiste Grenouille (del escritor Patrick Süskind), o mejor, les capturará cual flautista de Hammelin, pero uno cósmico cuyos embriagadores sonidos se ubicarán más cerca de lo divino que de lo humano. Si lo ven llegar no se molesten: toda resistencia será inútil.
“La combinación en esta música de sonido y voces crea un momentum mágico, deja una sensación muy bella de paz y relajación, transporta totalmente. Es una prueba más del impacto que la música puede tener sobre el ser humano y nuestra sociedad, y pienso que con esta música se ayudará mucho a cambiar la forma de ver y hacer música hacia una manera mas positiva y de sanación.”
Evelyn Conte. Locutora de radio
Juan Carlos García es un ser de otra galaxia que primero les deslumbrará con los derroches fotónicos que irradia su música; tras cegales con la belleza sublime de sus acordes, casi a traición, les transportará a universos lumínicos donde las palabras son proscritas. Una vez allí, irremisiblemente el Síndrome de Estocolmo les hará sentir más que simpatía por su osado secuestrador. Con la guardia baja, totalmente vulnerables a su poderoso influjo, les obligará a sumergirse en sueños fabulosos enmarcados en indescriptibles dimensiones físicas y metafísicas… muy diferentes a las que jamás conocieron. Para rematar su fechoría conseguirá de forma milagrosa que una paz infinita ilumine sus corazones y que dicha paz se instale en ellos.
Tras desgranar algunas sensaciones al escuchar a JCG, decía al comienzo de este artículo que es empresa imposible para cualquiera; y más para este humilde artesano de la pluma. Me refiero a abarcar con palabras las dimensiones a los que nos conduce la música de este genio con el que un día tuve la enorme fortuna de topar. Lo sé, soy consciente pero mi corazón me obliga a mover los dedos sobre el teclado, erigiéndose éste como su torpe garganta amplificadora que grite a los cuatro vientos…¡Por Dios, escuchad su música, es ciertamente celestial! ¿Qué hacéis desperdiciando vuestras vidas escuchando esas ‘cosas’ a las que llaman heréticamente música? ¡Dadle mucha caña a los altavoces y sentid estos sonidos sublimes! ¡Es una experiencia única!
“Tu video de SYMPHONIUM ILLUMINATUM es una exploración sonora del espacio y del tiempo a través de una presentación visualmente impresionanteque lleva al espectador en un increíble viaje a través de las galaxias y nebulosas e inspira a extrañar la impresionante infinitud del universo.”
Justin St. Vincent – Escritor y Editor
Estos torpes deditos se convierten en el interface de mi corazón, en su rudimentario altavoz al afirmar que su música es además de todo lo dicho increíblemente inspiradora: empuja a la creatividad, a salir de las cavernas de la pereza, que a veces son muy profundas (y están dotadas de sillones comodísimos, pantallas LCD de 50” y neveras hasta arriba); es decir que además de maravillosa es simiente a su vez de nuevos axiomas artísticos. La mística de sus acordes trasciende más allá de nuestra dimensión siendo lo único que es capaz de penetrar en las regiones más remotas del cosmos. Estoy convencido que para los seres que vivan de la quinta a la novena dimensiones preconizadas por los físicos cuánticos verán en sus cielos imposibles los ecos de sus melodías en forma de auroras boreales de luz.
“Me gusta tu forma de trabajar, esa perfección, por llamarlo de alguna forma, tal vez pureza, o simplemente belleza. Desde la presentación, al contenido, se percibe en cada detalle esa gran calidad que caracteriza tu obra. Me sorprende la calidad de la música, que a pesar de encontrarse en un segundo plano. Llama la atención por su gran sonido, detalle y texturas, por no hablar de calidez y profunda belleza…” (CITA COMPLETA AQUÍ)
David Salvans, Compositor | España
Y hablando de inspiración, de hecho confesaré que estoy escribiendo este artículo arrullado bajo sus ondas sonoras, que por una inentendible geometría de lo posible también son de luz, desafiando todos los axiomas físicos que nos habían enseñado. Al margen del resultado sin duda hoy son mi musa mitológica y me siento casi estar perpetrando algo fraudulento, no ser honesto del todo con mis lectores al disponer hoy de tan celestial ayuda. Valeee, lo admito: hoy y en muchas ocasiones. Una última nota sobre este modesto cronista pero que considero crucial reseñar, otorgándome una cierta capacitación técnica para juzgar la que para muchos es la mayor de las artes, o el “arte de las cosas invisible”: desde los nueve años me crié entre los acordes de los grandes compositores todos los tiempos; no me considero un experto al uso pero lo cierto es que tuve la suerte de contar con los mejores maestros en el arte de apreciar y disfrutar la música. Tengo sus melodías grabadas en el fondo de mi alma, cientos de miles de composiciones impresas en lo más profundo de mis circuitos cerebrales (o en el chip que me implantaron) y puedo afirmar-aunque suene un poco mal- que cuando hablo de música sé perfectamente de lo que hablo: es una pieza capital en el rompecabezas mi vida.
“La idea de regalar junto a este fabuloso disco de “Hadas” unas semillas de las Campanillas de Canterbury ha sido genial: perfecta metáfora de su música, pues está viva y es simiente de nuevos axiomas artísticos”
Ramón Galí, Escritor | España
Juan Carlos García topó con la novela Hypatia y la eternidad y tuvo la generosidad de componer una brillante melodíacon su nombre que ya se ha convertido en su banda sonora por derecho propio. No puedo evitar desvelar que el mismísimo espíritu de Hypatia de Alejandría irrumpe glorioso al final de la melodía (dándome un susto de muerte la primera vez, por cierto); sin duda, de mis más maravillosas experiencias jamás vividas como escritor. Él compagina la música con sus clases de metafísica: estoy convencido que como en Leonardo da Vinci la ciencia y el arte, en Juan Carlos esa rama de la filosofía y la música se enriquecen recíprocamente, se complementan, se suplementan. Sin la una o la otra a Juan Carlos García le faltaría una mitad y la otra le quedaría coja.
Lo más importante de su música es que te fusiona con el universo, te re-inocula la luz de la vida, insufla tu alma de belleza. Como antes comentaba y ahora subrayo los destellos fotónicos de sus acordes consiguen lo imposible: su música irradia una luz deslumbrante, es una fuente de energía en sí misma. Pero si es así, ¿Por qué Hollywood no le llama para componer la banda sonora de la nueva película de Ritley Scott o Steven Spielberg? Ellos, de momento, se lo pierden…aunque quiero pensar que el tiempo pone a cada uno en su sitio. Cuando finalmente se decidan, la espectacular energía que dimana de su música les ahorrará muchos efectos especiales y un recorte considerable en el recibo de luz a fin de mes. Y de paso tendrán un motivo más para seguir asombrando al mundo.
Mudra Midi Controller: Espectacular instrumento musical concebido por Juan Carlos García que parece directamente salido de una película de ciencia ficción.
Desde el respeto reverencial que proceso al compositor griego Vangelis, afirmo sin dudarlo que las melodías de JCG son un tratado astronómico sonoro. Su música también hubiera sido perfecta, hubiera iluminado de forma magistral la serie “Cosmos” si Carl Sagan hubiera podido contar con Juan Carlos García, genio en proceso de fabricación por aquel entonces.
Cuántas veces he pensado que ni Usain Bolt es en verdad el hombre más rápido del mundo, sino un africano zancudo que corrió los 100 metros en 8,99 segundos (perseguido probablemente por un león). Cuantas veces he pensado que las mujeres más bellas del mundo no son Angelina Jolie, Charlize Zerón, Elsa Pataky, Mónica Belucci, Natalie Portman o Nicole Kidman sino quizás una universitaria egipcia anónima cuyo batir de pestañas haría suspirar hasta las piedras. El símil no es exacto porque la aplastante calidad de la música de Juan Carlos le ha hecho traspasar fronteras y continentes-¡de anónima nada!-, lo que sucede es que todavía una parte del planeta desconoce que este músico excepcional es capaz de componer las más bellas melodías New Age en muchas galaxia a la redonda. Es indudable que detrás de su trabajo existe un trabajo hercúleo impresionante. Quizás lo ideal sea chocar con él inesperadamente, sin previo aviso, como quien choca con un ángel que te cambiará la vida.
” El compositor edifica temas melódicos de gran belleza, y también algunos que resultan muy misteriosos. Su música tiene un estilo bien definido que sin duda despertará el entusiasmo de los seguidores de la mejor New Age. Las piezas nos llevan indistintamente a occidente y a oriente, en una amalgama de colores sónicos de exquisita fragancia”. (CITA COMPLETA AQUÍ)
Virginia Tamayo, Periodista de la Revista Amazing Sounds
Para concluir dos apuntes y una serie de preguntas.
PRIMERO: En “El viaje a la felicidad” Eduardo Punset constata un hecho científico: La música nos cambia a nivel bioquímico; mejora la actividad inmunitaria, distrae del dolor y alivia la ansiedad. “El arte nos permite viajar hacia universos anhelados”. Está demostrado la música aumenta los niveles de endorfinas, dopamina, acetilcolina y oxitocina que son las culpables de la alegría y del optimismo. Pero yo añadiría algo obvio: ¡sólo determinado tipo de música! La que NO es: la que es imposible de diferenciar del sonido del camión de la basura o del lavaplatos. La que SÍ la tendrán que buscarla con ahínco…o terminar de leer este artículo.
SEGUNDO: A los que no han leído todavía “El amor en los tiempos de cólera” de GGM o “El rey Lear” shakesperiano, o no han visto“Blade Runner”o “Casablanca” les envidio: todavía tienen que hacer algo maravilloso y primordial antes de morirse. Lo mismo sucede con la obra de Juan Carlos. Quiero dosificar sus melodías a pesar que su producción es muy prolífica, extraordinaria, para que siempre me sepan a nuevas. Los que todavía no le conozcan y lo estén haciendo aquí y ahora están de suerte.
PREGUNTAS: ¿Necesitan un tipo de cambio bioquímico profundo y extraordinariamente positivo en sus cerebros… sin precisar cirugía? ¿Están ya aburridos de todo? ¿Creen que a la música actual le falta la inspiración de los clásicos o la de los años 80 del siglo XX? ¿Piensan que seguramente ya nada les pueda sorprender… pero les encantaría que sucediera?
‘La condición humana’, de Ramón Galí, fue el microrrelato ganador
del concurso de ciencia-ficción del periódico El Mundo
el 10 de junio del año 2002, bajo el seudónimo Telémaco Moon 1.
¿Sonrisa? de la Gioconda
Lágrimas surcan mi rostro mientras los ecos de deliciosos acordes se erigen como la banda sonora de mi triunfo mundial. Tras miles de especimenes analizados en toda una vida, concluyo mi trascendental estudio y sin duda el más completo hasta la fecha, afirmando que ningún robot o ser artificial poseyó, posee o poseerá el más mínimo rasgo que lo identifique con la condición humana. Seis mil folios avalan minuciosamente, con el método científico, dicha afirmación; jamás podrá ser rebatida por mis detractores a los cuales, perdono pero no olvido sus calumnias. Doble angustia e incertidumbre; ¿viviré para ver publicado mi trabajo? Si no es así, ¿simplemente me espera la no-existencia? El sueño de la inmortalidad llama anhelante a mi puerta. Te ama, ISC9000.
Este video ha sido visto por 30 millones de personas en el mundo. Hay semanas que yo no consigo esas visitas en mi blog. Las claves de su éxito: la alegría de vivir, multiculturalidad, esa maravillosa canción y, por qué no decirlo… ese bailecito tan singular. Altavoces a tope, claro.
DOS MICROVATIOS: LA SEMILLA DE ‘HYPATIA Y LA ETERNIDAD’
‘Dos microvatios’ fue el microrrelato ganador del concurso de
ciencia-ficción del periódico El Mundo el 12 de junio del año 2002.
Además, fue el germen, la semilla que inspiró a su autor, Ramón Galí
La Confederación de Mundos Inteligentes incluye a la Civilización Terrestre en la lista de Microinjerencias Controladas Aceleradoras Evolutivas para así asimilarla como miembro lo antes posible. Estudia su Historia y detecta en qué punto exacto el insignificante microvatio de energía autorizado provocará el cambio mundial que, por progresión geométrica, acelerará más su desarrollo tecnológico. Año 47 AC: La Biblioteca de Alejandría se salva de la quema porqué una fuerza desconocida apaga la primera chispa. Miles de volúmenes salvaguardados. Año 722 DC El Cyberpapa Adriano I manda un email a Carlomagno para que le defienda de Desiderio en plena Era De La Luz. Algo evita la batalla en Italia. Desiderio recibe un SMS en su móvil que le disuade: “Rendíos o morid Carlomagno”.
Comencemos por una joya de increíble belleza lírica: LA joya de la corona del género para casi todos, expertos y legos. Orfebrería cinematográfica de incalculables quilates. Poema escrito en el celuloide que nos desnuda la condición humana. Deslumbrante hazaña visual gótica y barroca al mismo tiempo. Obra que redefine mitos y factoría de nuevos modelos iconográficos; la lata de Warhol o la silueta de James Dean quedan atrás. Alta ciencia-ficción que no es que se anticipe al futuro sino que contribuye activamente a esculpirlo, a modelarlo. Horizonte inalcanzable para una galaxia de imitadores posteriores. Punto de inflexión en nuestras vidas.
El azar genera monstruos. Casi siempre. Darwin descubrió que en genética el 99,9999 % de las mutaciones aleatorias son perjudiciales y acaban con el ser vivo que las padece. Pero a veces, con una probabilidad remota, la diosa Fortuna sonríe y todas las monedas lanzadas al aire caen de canto y además conforman una figura maravillosa y, por su génesis, irrepetible. No quiere decir esto que las monedas no fueran de grandísimo valor y el lanzador de primera magnitud. Una serie de factores insólitos confluyeron en 1982, como una conjunción astral de varios planetas, que solo se da una vez en la vida, a saber: el concienzudo director británico Ridley Scott, el genio de “Alien” (que plasmaba en carboncillo, con sorprendente maestría, todas las escenas antes de rodarlas), Vangelis, el músico griego quizá el mejor de aquel momento, Douglas Trumbull el mejor maquetista del mundo responsable de que nos creyéramos la Space Opera de Star Wars, Harrison Ford, el actor más emblemático del último cuarto del siglo XX. La suma de todos ellos en mil películas hubieran originado un sinfín de cintas mediocres, algunas aceptables, una o dos buenas, y quizá alguna muy buena, nada más. Pero las monedas cayeron todas de canto y todos azarosamente hicieron, según muchos creemos, el mejor trabajo de sus vidas. El elenco lo completan una Sean Young extraordinaria, un Rutger Hauer soberbio, una fotografía fabulosa a cargo de Jordan Cronenweth, un guión increíblemente hilvanado por David Webb Peoples y Hampton Fancher.
La película ha generado ríos de tinta, un sinfín de debates, con sesudos análisis desde todos los ángulos, no sólo cinematográficos, sino filosóficos, mitológicos, sociales, etcétera. El gran Garci, con gran valentía, incluyó la obra en la lista de títulos imprescindibles a diseccionar y que engrandecieron el séptimo arte hasta… “más allá de Orión”. No es nuestra intención entrar en este artículo en tales disquisiciones, sobre todo porque el género literario que pretendemos mutaría diametralmente pareciéndose el resultado a “Los Episodios Nacionales” del concienzudo Galdós. Quizá, eso sí, alguna aproximación a vuelapluma orillando el análisis: No sabemos si con una capacidad anticipatorio paranormal el filósofo alemán Arthur Schopenhauer escribió sobre la muerte pensando en Blade Runner; es más lógico pensar que los guionistas le leyeron y, como guiño cinematográfico-o al traicionarles el subconsciente-pusieron en la boca del replicante Roy Batty, antes de morir: “He visto brillar rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhauser-Schopenhauer” o pongamos otro vocablo germánico para disimular. Desde el punto de vista clásico los replicantes representan la perfección física y mental que buscaban los antiguos griegos, como neo-Teseos, con fuerza e inteligencia como maravillosa combinación de cualidades. Mary Shelley y su “Frankenstein” está presente, indefectiblemente, en la cinta”: “Yo diseñé tus ojos. Preguntas: “Morfología Longevidad Fecha de Nacimiento”. William Blake también quiso participar de la fiesta: “Y los ángeles ígneos cayeron. Profundos truenos se oían en las costas ardiendo con los fuegos de Orc”, con su poesía profética, original y romántica, como la película. Establecer paralelismos entre las sociedades decadentes que dibujaba Kafka y la de la película se nos antoja kafkiano, sobre todo hacerlo en un solo artículo.
Blade Runner es mucho más que una película, es una de las metáforas sobre la muerte, sobre la insoportable levedad de los seres humanos, más ajustadas de la historia del arte. Y además es mágica: Sorprendentemente no caduca ante los embates del tiempo, como las obras maestras deslumbrantes. Basada en la mediocre “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Del gran Philip K. Dick probablemente sirvió para acuñar la máxima que de grandes libros se hacen malas películas y de libros pésimos estupendos films. La película, encuadrada en el género de ciencia-ficción, pero que sin duda tiene tanto de cine negro como las que generaban los libros de Dashiell Hammett, te envuelve desde la primera escena con su atmósfera opresiva de la que es imposible escapar. El espectador, no es que se acerque desde su butaca a una urbe superpoblada del 2019, sino que se convierte en un habitante más de Los Ángeles, en ese futuro lluvioso, en el que puede encontrarse de bruces con cualquier Replicante al doblar una esquina. “Cruce Ahora, Cruce Ahora”. Y cruzamos, claro. En la city fritzlangiana en la que nunca amanece, que se ha convertido en una torre de Babel, a pesar de la interlingua, todos tienen los papeles invertidos: Los humanos caminan como autómatas solitarios y los replicantes buscan respuestas que les suscitan su lado más humano.
Densa. Densísima, en la que casi cada fotograma es una reflexión profunda disfrazada de poema. Sobre la memoria: “No sé si podría tocar (el piano), recordaba las lecciones” “No me puedo fiar de mis recuerdos“. Sobre lo efímero de la existencia: “Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”. Sobre Dios: “No es cosa fácil conocer al creador”. Sobre el paso del tiempo: “Yo quiero vivir más” ¿Tiempo? El suficiente. Escenas irrepetibles como clásica de la aeronave de Deckard pasando por delante del enorme neón de Coke, que le roban el puesto, o al menos rivalizan, con Paul Newman bajo un bombín a bordo de la bicicleta en “Dos Hombres y Un Destino” o a King Kong pegándose con los biplanos en el State, o a Julie Andrews sobre las verdes praderas o Gary Grant corriendo bajo la avioneta con “La muerte en los Talones”. ¿Qué dice la gran Geisha que nos atrapa con su magnetismo exótico? ¿Qué dice Tyrrell-Prometeo?: ¿Más humanos que los humanos? ¿Por eso coleccionan fotos? Si tienen, como mucho, cuatro años. Por eso mismo. ¿Alguien más se percató que una de las fotos cobra vida durante un segundo en una genialidad infinitesimal, de bolsillo, de pitiminí? El replicante habla despacio, en el edificio en ruinas, y en una escena de asombroso lirismo besa a su compañera muerta para corregir su indecoroso rictus. El test Voight Kampf, moderno oráculo que mide el grado de empatía (“…El galápago yace sobre su espalda con el estómago cociéndose al sol y moviendo las patas para darse la vuelta, pero sin su ayuda no puede. Y usted no le ayuda…”), al que le preguntamos quién o qué somos, “¿Este test es para saber si soy una replicante o una lesbiana?”
Y sí, en Blade Runner también tiene cabida una historia de amor, ¿hombre?-replicante. Si Stendhal levantara la cabeza… Ella le salva la vida; Leon Kowalski quiere sacar a Deckard de este mundo por la puerta de atrás pero Rachel lo impide con una bala calibre XXL. En el apartamento de él ella se acerca, con el rimel corrido que le confiere aspecto siniestro aunque delicado a la vez: ¿Rachel matará también a Deckard por haberla descubierto con el test Voight Kampf? No. Salta la chispa, nace la llama, el yin y el yang se unen. Perseguidor y perseguida. Cada uno es lo que necesita el otro y llena de esperanza ese espacio que antes ocupaba esa soledad ya asumida. Cada uno le da al otro un motivo para vivir tras una existencia de mera superviviencia. Gaff sentencia lapidario: “Lástima que ella no pueda vivir. Pero ¿quién vive?” Pero el amor obra el milagro, incluso aunque haya cristalizado entre un ¿ser humano? y otro sintético ¿o quizás precisamente por eso? ¿Está ya muerta? No. Ocho palabras sellan la unión…¿simbiótica o entre iguales?
Deckard: ¿Me quieres?
Rachel: Te quiero.
Deckard: ¿Confías en mí?
Rachel: Confío.
Yel final, glorioso, definitivo. Y nuestras lágrimas se confunden con las gotas de agua de la lluvia, como los recuerdos del replicante más perfecto, como dijo nuestro director en el editorial de bienvenida a nuestro magazín ucrónico. Roy Batty no solo que no le mata sino que le salva la vida al borde del abismo imposible que se cierne bajo sus pies. A punto de fenecer indefectiblemente valora la vida más que nunca, la suya, la de los demás. La muerte más bella de la historia del cine. Una paloma al viento; ¿su alma? “De donde vengo, a donde voy, cuanto tiempo me queda”.
En fin, para concluir y como empezamos: Blade Runner, para muchos, punto de inflexión en nuestras vidas. Cada vez que visionamos el film nos quedamos sumergidos en un profundo silencio, pensando…
PLANETA 51: VENZAMOS EL MIEDO A LO DESCONOCIDO. ARRIESGUEMOS UN POCO (LEÑE)
“Si tiene familiares abducidos marque el 2”
Planet 51
“El futuro tiene muchos nombres: para el débil es lo inalcanzable,
para el miedoso, lo desconocido. Para el valiente, la oportunidad.”
Víctor Hugo
¡Por fin San Julio Verne, San Isaac Asimov, que presiden al alimón el Paraíso Celestial de la Imaginación escucharon nuestras plegarias!: Planeta 51 es un monumento artístico a la creatividad…, y ¡es español! (sí, sí, frótense los ojos y ponga cara de tonto). También es un enorme guiño a la almibarada USA de los 50 y sobre todo un maravilloso homenaje al celuloide de todos los tiempos, en especial al de ficción, para deleite supino de los cinéfilos hasta la médula. Los mimbres que trenzan Planeta 51 poseen detrás el laboriosísimo esfuerzo de las grandes obras, el trabajo artesanal preciso para alcanzar la excelencia.Leonardo de Vinci tardó tres años en pintar la Gioconda y Gabriel García Márquez más de un lustro en ensamblar El amor en los tiempos del Cólera. Por el contrario, desconocemos si algún cineasta, cantante o escritor de postín empleó una tarde o dos en perpetrar su gran obra maestra por la que se le conoce. Soy plenamente consciente de lo que es entregar muchos años de tu vida a un proyecto artístico (y no morir en el intento, pero casi). Planet 51, es una bella rapsodia a la imaginación, cuya trastienda entre billones de píxeles esconde sangre, sudor y lágrimas. ¡Olé y olé!
Nos enfrentamos a una película de una calidad técnica exquisita, casi sin parangón, con un guión entretenidísimo que encierra una moraleja cuya vigencia no tiene fecha de caducidad: ¡venzamos el miedo a lo desconocido! ¡Venzamos, por ejemplo, al miedo que produce un astronauta español en la corte del rey Obama I!,¿Es usted más infeliz que Calimero? ¿Su vida es soberanamente aburrida? ¿Tiene vocación de Puerta de Alcalá conformándose con ver pasar el tiempo? ¿Le gustaría dejar de ser una jodida seta y sentirse más vivo? Venza ya todos esos miedos que le atenazan, despoltrónese, des-a-gi-li-pó-lle-se en una palabra desmenuzadita para su más ágil comprensión: arriesgue un poco sin tanto temor a lo que vendrá, leñe. Los creadores de esta película lo hicieron: lo desconocido, en su caso, a lo que se enfrentaban era a crear primero unos estudios de cine ad hoc, una tecnología digital propia, asumir deportivamente que tardarían una semana en conseguir cada tres segundos de filmación, introducirse en el exclusivísimo y requetevip mercado americano, asimilar que las dificultades serían enormes. “Sí, ahora. Gracias”: es que he pedido a los de posproducción que suene algo épico mientras suelto la siguiente afirmación (“La B.S.O de Gladiator está muy bien, sí”): Los creadores españoles de Planeta 51fueron valientes, vencieron ese miedo lógico/cobardica a lo desconocido, arriesgaron y ganaron; y ganaron al margen, sin duda, de los resultados obtenidos en taquilla pues el estreno de la película puede considerarse un triunfo en sí mismo. ¿Qué es fácil disparar con pólvora del rey? Ummh, al parecer esta vez no.
¡Un momento!, ¡pare, pare, PAREEE!: si no ha visto Planeta 51 tómese un merecido break en este punto y después de visitar el cine siga leyendo…u opción B: no haga ni puñetero caso y apure ahora mismo la crítica carpediem-ando, que es gerundio. Simplemente recuerde: A ó B.
Pero volvamos a ese Planeta 51; volvamos a mundo allende nosotros, a tropocientos años-luz de la Tierra, de suaves y coloridas texturas en el que los ángulos rectos son proscritos (puertas, tanques, Cádillacs, y hasta las constelaciones de su mapas celestes tienen formas curvas). Sus habitantesandanrevolucionaditos perdidos por la llegada del extraterrestre, el capitán Charles T. Baker, que dice estar en el Facebook y parece el primo segundo del bueno de Buzz Lightyear; no dan crédito a lo que está sucediendo. A pesar de tener su rudimentario programa S.E.T.I. (quizás homenaje a Zemekis) de búsqueda de vida inteligente fuera del planeta, convencidos hasta sus puntiagudas y verdes orejas que su universo pre-copernicano posee un tamaño de 500 kilómetros y 1.000 estrellas flipan en al menos 32 millones de colores al conocer al humano. Cuando el supuesto alienígena (más americano que la Estatua de la Libertad y el Big King XXL) pisa el planeta no tiene reparos en tararear la música de fondo de 2001 emocionado; me comunica mi chivato celestial que se tiene constancia que Clarke y Kubrick se troncharon desde allá arribota al ver esa escena.
El guirigay que se origina a continuación tiene como protagonistas, desde el lado terrestre del cuadrilátero al intrépido astronauta y a su fiel escudero sideral-un Sancho Panza estelar, un rover llamado Robert- que podría ser Wall-E, pero también un R2-D2 tuneado o sus padres cinematográficos, cualquiera de los entrañables robotijos de Naves Misteriosas; en todo caso de un tamaño más manejable que su tatarabuelo Robby, del Planeta Prohibido. Jugando en casa, en la otra esquina, tenemos a una preciosa señorita ovípara, cuyos carnosos labios recuerdan a los de su propia dobladora norteamericana, Jessica Biel (aunque quizás más a los de otra heroína del celuloide, la pluscuamperfecta tocaya Alba). Ella tiene un amigo hippioso con su fregoneta Volkswagen que irradia paz y amor pero la chica no llega a ser tan rebelde como Barbra Streisand en Tal como éramos. Le ronda un atolondrado jovenzuelo verdoso pues ella le pone lo de abajo arriba y lo de arriba abajo. Como alter-ego del rover Robert-que mea aceite- tenemos a un fantástico perrito con cabeza de alien, nada evil como su primo de zumosol, pues rebosa bondad aunque (éste) mea ácido, jodiendo las farolas allá donde va. Ah, que no se me olvide: y Jack Nicholson o Gene Hackman (elijan ustedes, alguien que cuando se pone marcial no hay quien le chiste) se pixelaron para encarnar al general malo malísimo que persigue sin tregua a nuestro héroe terrestre, o a uno de los dos actores me recordaba el pollo de uniforme lleno de galones y bastante cabroncete.
Los guiños cinematográficos se prodigan velocidades próximas a la de la luz; se extienden no sólo a la serie B sino a todo el abecedario, por lo que hay que estar muy muy atento para pillarlos todos en un divertido juego para toda la familia, para el niño y la niña: seguro que se me escaparon un montón. Todo quizás comience cuando la señal que llega a los aparatos de radio del Planeta 51 empieza a fluctuar, avisando que algo sobrenatural está a punto de suceder, y sino que se lo digan a Richard Dreyfuss en Encuentros en la tercera fase: en Planeta 51 Citytienen un problema, sin duda, porque el terror vendrá del espacio exteriory podría originar una Guerra de los mundos. Una invasión que se producirá no por una Mujer de 50 pies, ni de un Joda de mil años, sino de un humano Elegido para la gloria. Pero al final, tras persecuciones vertiginosas incluso en bicicleta, tras incluso Cantar bajo la lluvia de piedras tipo Gene Kelly, tras creerse infectados por un virus alienígena que posee su cuerpo, la cosa al final no se queda ni en un Mars Attack de coña, ni eso, porque nuestro Buzz Lightyear tuneado y repixelado es muy fanfarrón, más chulito que un ocho tumbado… pero buena gente. El bombardeo audiovisual por tierra, mar, aire y espacio es despiadado y los cinco sentidos deben estar alerta para correlacionar en nanosegundos la iconografía cinematográfica de Planeta 51 con la nuestra, con una Marilin ToMorrow verdosilla pero igual de sexi a la que también se le levantan las faldas (o la Tentación vive MUY arriba), la ventosa en la frente del prota con Toy Story, las gafas destroyer y el “Sayonara baby” del cyborg más famoso de la historia del cine y si incluso uno tiene el oído (y la memoria) muy finos puede correlacionar el sonido del los coches ingrávidos (allí casi todo lo es) del Planeta 51 con el de las cuadrigas atómicas de Star Wars Episodio I, aunque esto ya es para nota (o paranoia mía), y…bufff…y mucho, mucho más: el ejercicio es tan agotador como gratificante, se lo aseguro…
Quizás sea todo esto una excusa para su re-visionado de la movie, que no me importaría pues está plagada de millones de detalles/segundo (¿o eran polígonos?) imposibles de asimilar. Por eso recomiendo estar muy muy atentos: tómense un café cargadito o algo y no pestañeen durante 91 minutos. Of course, reto a los valientes con buena memoria que plasmen en los comentarios de esta crítica más guiños cinematográficos que a un servidor se le hayan colado…que serán unos cuantos.
Como han podido comprobar no he entrado a valorar en ningún momento el guión de la película, pues hoy se me antoja ejercicio tan evitable como subjetivo, y no me apetece compararla con otras producciones anteriores porque considero que Planet 51 es, sencillamente, otra cosa: véanla y decidan por sí mismos. Sólo puedo afirmar me he partido de risa como el niño que soy, como el niño que fui y que me ha entretenido mucho.
Termino diciendo que todo lo anterior expuesto no es más que la punta del iceberg (o de la nave comandada por Charles T. Baker). Ese astronauta dio un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto-no sé si para la humanidad- pero sin duda enorme para la industria de la animación española. Por favor, animémosles a dar muchos más saltos, pues sus creadores constituyen un oasis de talento en medio de un desierto de mediocridad. Lo dicho: ¡olé!